lunes, 3 de septiembre de 2012

Brisa en invierno


Brisa se despertó ese día mas temprano que de costumbre. Se levanto desnuda. No intento siquiera arrimarse una sabana para cubrirse.  Se miró al espejo. Nunca se había sentido tan vieja como esa mañana.

    Se quedó mirando fijamente sus propios ojos por un rato, los vió un poco mas cafés que en días anteriores. Los grandes aros oscuros alrededor de ellos revelaban una noche de poco sueño, sin embargo el sol ya había entrado por la ventana y ella tenia ganas de levantarse. siguió inspeccionando se rostro, miró su nariz delgada y aguileña, algunas marcas del acné de juventud se asomaban detrás del maquillaje ya casi borrado por el roce de la almohada. Siguió con la mirada el contorno de su boca, la pintura embarrada alrededor dificultaba asegurar cual era el límite natural de los labios. Soltó una carcajada fugaz fruto de una autocrítica cómica: 

-“Parece que me corrieron de un circo” pensó.

   Usando un gesto de perro embravecido en actitud amenazante enseño los dientes, giró la cabeza para un lado y para otro tratando de recordar si los había cepillado antes de caer dormida pero unos restos casi imperceptibles de algún solido le dijeron que no. Amarillentos por la culpa compartida del tabaco y la higiene poco regular. 

    Bajó su mirada al cuello y vio unas manchas amoratadas, típicas en una noche de las que ella conocía. siguió con el pecho. Aquellos maravillosos y sobre dimensionados bultos que conocía se habían convertido en dos colgajos de pellejo arrastrados por la inclemencia del tiempo y de la fuerza gravitatoria. Aquellos que le habían traído tantos halagos y experiencias, de ellos solo quedaba el lugar guardado en el recuerdo. 

    Extendió los brazos y los sacudió con movimientos semicirculares de las manos. La piel se le había agrandado o los huesos se le habían encogido, cualquiera fuera el caso le hacia saber que no era la misma de antes. Su abdomen abultado ya no era capaz de recobrar su circunferencia original. Esa que la había llenado de orgullo y que tanto había cuidado. Ahora solo hacia ejercicios fugasez, pero nada le servía, no era una cuestión de voluntad o dedicación, los estragos ya estaban hechos. No alcanzo a ver mas. Se dio la vuelta y giró la cabeza, se paró de puntas para ver si aún le quedaba algo tangible de aquel bello recuerdo que tenia de ella misma, pero fué en vano, no le alcanzó la vista y le faltó estatura, porque hasta de esas cosas se estaba quedando corta, pero sobre todo le faltaron ánimos.

    Se giro de nuevo para recobra la postura original, lleno sus pulmones de aire mientras levantaba los brazos en una mala imitación de ejercicio de yoga. Mantuvo la respiración mientras estiraba todos sus músculos y cuando se le acabo la fuerza los bajo en un movimiento relampagueante y totalmente falto de resistencia, como si un conjuro la hubiera vuelto de hule; y soltó el aire poco a poco.

        Se apoyo en el lavamanos. Bajó la mirada y la fijó en el agujero del desagüe. Inmóvil se quedó pensativa un rato, no separaba la vista de ese espacio, como si su alma se quisiera escapar en un viaje repentino a alta velocidad para buscar y alcanzar aquello que recordaba y que con buenas razones creía que se había ido por ahí.

      Abrió la llave, recogió un poco de agua con las manos y la estrelló contra su cara. Sus ojos se enrojecieron y de repente soltó en llanto. Golpeó la pared con los puños, se mordió los labios ahogando todo indicio de sonido, pero por arte de magia se tranquilizó, como solo ella sabia hacerlo, como lo había hecho siempre en los momentos breves de soledad, aquellos que seguían después de los mas largos, los que compartía con extraños o conocidos a los que siempre les ofreció una sonrisa, pero con quienes nunca se sintió acompañada. Decía que nadie tendría la fortuna de verla llorar o sufrir. No levanto la cabeza, seguía mirando el mismo punto, temerosa tal vez que desapareciera, como una puerta a otra dimensión que se llevaría con ella todas las cosas que le había robado el correr de los años.
   
      Perdió la noción del tiempo que estuvo parada frente al espejo, igual que perdió la del tiempo vivido y los momentos felices. No sabia como creer en el amor o la esperanza, ni mucho menos en la religión. 

      Volvió a mirar el espejo y vio su rostro. El liquido había disuelto el maquillaje que escurría por todos lados, como queriendo escapar también de ella, se iba en dirección de ese agujero negro, caía por gotas en él, igual que lo había hecho el tiempo. Ya se asomaban mas arrugas. La pintura, todavía embarrada pero ahora ya diluida, le daba un toque de acuarela dejada a la intemperie en la que las tormentas habían cobrado su cuota.

     Finalmente cuando despejo su mente de todo pensamiento de desesperanza, abrió la boca y dijo:


       -¡Mierda!. el día de hoy mejor no salgo.

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