martes, 11 de septiembre de 2012

Demetrio y el fin del mundo


Ya había empezado la llovizna desde la mañana. Eran como eso de las siete. Demetrio se asomó por la ventana del jacal para ver si ya se había pasado. Estaba trabajando en la huerta cuando empezó. Espantado corrió a esconderse. No sabía que era pero se espantó. Le latió el corazón mas rápido de lo que nunca le había latido, y asi le seguió latiendo.

     Todo empezó a oscurecerse desde temprano. Estuvo raro porque hacía mas calor que de costumbre y el sol nomas habia salido un rato. Ya demetrio se había desayunado y andaba en la huerta cuando empezó a caer esa llovizna oscura que lo espantó. Se empezó a ver venir despacio, otra cosa rara es que no corria viento. Yo ni sabía que había pasado el caso es que asi fué. Ya cuando entró a la casa dijo:

    -“Esto no esta bien. A mi ya me dió miedo.”

  No me lo dijo espantado, o al menos en ese momento no se lo noté, pasó corriendo por aquí y se metió a aquel cuarto. Tardó rato para salir después. Ya cuando salió nomas se asomó a la ventana y vió que seguia callendo esa cosa gris de arriba, la ceniza esa que lo dejó todo tapado. Yo no le dije nada porque nos habiamos peleado el dia anterior. Me acuerdo que se oyeron unos truenos y le dije:

    - Oye Demetrio, parece que va a llover, ya esta tronando.- y que me dice:

     - “¡Solamente que vaya a llover lumbre. Vieja loca!”

   Me enojé mucho porque estaba tomando y me siguió diciendo chingaderas. Ya cuando me lleno el buche de piedritas que le grito bien encabronada:

    -¡Te va a a caer un rayo hijo de la chingada, vas a ver!

    Y que me voy a dormir.

    Por eso en ese rato no le dije nada. Nomas dejé que se le pasara porque yo pensaba que tenía calor por la cruda. Ya cuando me asomé yó vi que de a deveras se veia feo afuera y fue cuando lo vi a él, cuando le vi la cara. Se le veia el miedo en los ojos, se le estaban poniendo como cristalinos, como que queria chillar. traía la boca media abierta, primero pensé que era de la corrida que se habia echado, porque pues ya ve que la huerta esta alla abajo, si ya cuando viene uno caminando se cansa uno, ‘ora imaginese corriendo. Pero no, ya llevaba rato alla adentro cuando se asomó. Ya yo tambien me arrime a la ventana y le dije:

    - Aver si no les pasa nada a las gallinas, ya vez que este sábado es la boda de la hija de doña Juana, y me tocó hacerle el mole.

    No me contestó nada. Se le oía la respiración bien agitada. Bien que se le alcanzaba a ver como que temblaba. Si estaba bien espantado, eso si se lo digo de seguro. Y de seguro también le digo que fue por esa idea que traía desde hacía días, desde que se fue a poner la borrachera aquella con don Odilón, su compadre, que nomas sirvió para estarle metiendo las  ideas esas del fin del mundo, que disque le habia platicado que había visto en la tele, ya ve usted que allá sí tienen. Yo le dije que el compadre nomas lo quería estar fregando para que le vendiera la finca. Ya tenía semanas que le decia porque pues las otras que siguen aqui son de él, ya las había comprado, y nomas le faltaba esta, y pues el muy sinvergüenza se la quería sacar bien regalada Y pues que le empieza a decir las cosas esas, las que pasan ahí, ya ve usted que siempre es de los gringos, nomas que ahora hasta le dijo a éste que los mayas habian dicho eso, pues yo creo que para que le creyera que era cierto, ya ve que este Demetrio de todo le echaba la culpa a los gringos, que por ellos ya nadie le compraba nada de la huerta y que si se lo compraban que bien barato, pues don Odilon ha de haber dicho:

   – “Mejor ‘ora le hecho la culpa a los mayas, ni modo que el Demetrio vaya a echarle la culpa a ellos de algo, ni ha de saber quienes son.

   Y pues ahi le empezó a explicar. Y pues a éste menso que se le metió la idea. Ya andaba nomas hablando de eso. La otra vez me lo fuí a encontrar allá hablandole al cerro, no me quiso decir que le decía pero ya siempre andaba raro desde esa vez. Ya se despertaba en la noche de un brinco, ya ve usted, de esos cuando esta soñando uno con algo feo.

   Y pues ya ve que se empezaron a oir los truenos, Pues fue cuando estabamos en la ventana. Ya para ese rato ya estaba todo oscuro, Esa ceniza que no dejó de caer lo había dejado todo bien negro. Que le digo que cerrrara la ventana porque se iba a meter pa’ dentro. No me hizo caso. Se olló un trueno mas fuerte. Ahora si ya me había espantado yo tambien.

    - ¡La gallinas!- que le grito.

    - ”¡Ya deja de pensar en tus pinches gallinas!”- que me dice.

   Se veia histérico. Me espanté más. Tenía los ojos bien grandes, parecía que le iban a explotar, los tenía bien rojos de afuera y se le veian bien negros de adentro. Parecía que se le habia metido el diablo. Fué cuando se escuchó el trueno mas fuerte, hasta temblo la tierra. Del retumbadero se movieron todas las cosas que estan colgadas ahí en la pared. Los cantaros, los azadones. La maceta que tenía yo allá afuera colgada se calló y como era de barro pues que se quiebra. Fue cuando empezó a correr. Cuando se calló la maceta. Corrió por toda la casa. Se tropezó con las silla que esta ahí en la cocina, asi como esta tumbada para atras asi la dejó, no la he movido. Casi se cae en el fogón. corrió pa’l cuarto y de tan fuerte que jaló la cortina la desprendió de arriba. Agarró su sombrero. Se lo puso. Se lo empujaba fuerte contra la cabeza. seguia corriendo. Ya se le veian ‘ora si las lagrimas y cuando volvio a tronar y a temblar fue cuando se tropezó con la cortina que había dejado tirada, Yo me había quedado de piedra, nomas lo veia que corría y gritaba por toda la casa, hasta allá fue a dar cuando se cayó, no supe si en ese momento volvió a temblar o fue del golpe que que retumbó el suelo. Yo ya no oía nada, nomas vi como se levantaba. Me quedé como dormida ahí parada. Me acuerdo que tenía las manos con los dedos así, entrecruzados, pegadas a la boca, pero no escuchaba nada, nomas veía todo despacio y a Demetrio otra vez corre y corre. Se me paró enfrente y que me agarra de los hombros y que me sangolotea. Yo veía que me hablaba y que movía la boca y la movía, pero nunca le entendí lo que dijo. En las carreras le dió una patada al sombrero que se le había soltado en la caida. Ya ni se agachó a agarrarlo, salió corriendo despavorido por la misma puerta por donde había entrado cuando empezó la llovizna de ceniza; por la misma que entró el ruido de la maceta quebrada, por ésa, la que dá a la vereda. Por aquí lo ví pasar por la ventana, jalandose los pelos, lo seguí con la mirada. Lo ví cuando levanto los brazos y se los volvió a poner en la cabeza.  Lo ví cuando los volvió a levantar. Y cuando se olló el último trueno. Y luego cuando se quiso regresar.  Hasta que se agarró el pecho. Y se cayó, enroscado como camarón.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Brisa en invierno


Brisa se despertó ese día mas temprano que de costumbre. Se levanto desnuda. No intento siquiera arrimarse una sabana para cubrirse.  Se miró al espejo. Nunca se había sentido tan vieja como esa mañana.

    Se quedó mirando fijamente sus propios ojos por un rato, los vió un poco mas cafés que en días anteriores. Los grandes aros oscuros alrededor de ellos revelaban una noche de poco sueño, sin embargo el sol ya había entrado por la ventana y ella tenia ganas de levantarse. siguió inspeccionando se rostro, miró su nariz delgada y aguileña, algunas marcas del acné de juventud se asomaban detrás del maquillaje ya casi borrado por el roce de la almohada. Siguió con la mirada el contorno de su boca, la pintura embarrada alrededor dificultaba asegurar cual era el límite natural de los labios. Soltó una carcajada fugaz fruto de una autocrítica cómica: 

-“Parece que me corrieron de un circo” pensó.

   Usando un gesto de perro embravecido en actitud amenazante enseño los dientes, giró la cabeza para un lado y para otro tratando de recordar si los había cepillado antes de caer dormida pero unos restos casi imperceptibles de algún solido le dijeron que no. Amarillentos por la culpa compartida del tabaco y la higiene poco regular. 

    Bajó su mirada al cuello y vio unas manchas amoratadas, típicas en una noche de las que ella conocía. siguió con el pecho. Aquellos maravillosos y sobre dimensionados bultos que conocía se habían convertido en dos colgajos de pellejo arrastrados por la inclemencia del tiempo y de la fuerza gravitatoria. Aquellos que le habían traído tantos halagos y experiencias, de ellos solo quedaba el lugar guardado en el recuerdo. 

    Extendió los brazos y los sacudió con movimientos semicirculares de las manos. La piel se le había agrandado o los huesos se le habían encogido, cualquiera fuera el caso le hacia saber que no era la misma de antes. Su abdomen abultado ya no era capaz de recobrar su circunferencia original. Esa que la había llenado de orgullo y que tanto había cuidado. Ahora solo hacia ejercicios fugasez, pero nada le servía, no era una cuestión de voluntad o dedicación, los estragos ya estaban hechos. No alcanzo a ver mas. Se dio la vuelta y giró la cabeza, se paró de puntas para ver si aún le quedaba algo tangible de aquel bello recuerdo que tenia de ella misma, pero fué en vano, no le alcanzó la vista y le faltó estatura, porque hasta de esas cosas se estaba quedando corta, pero sobre todo le faltaron ánimos.

    Se giro de nuevo para recobra la postura original, lleno sus pulmones de aire mientras levantaba los brazos en una mala imitación de ejercicio de yoga. Mantuvo la respiración mientras estiraba todos sus músculos y cuando se le acabo la fuerza los bajo en un movimiento relampagueante y totalmente falto de resistencia, como si un conjuro la hubiera vuelto de hule; y soltó el aire poco a poco.

        Se apoyo en el lavamanos. Bajó la mirada y la fijó en el agujero del desagüe. Inmóvil se quedó pensativa un rato, no separaba la vista de ese espacio, como si su alma se quisiera escapar en un viaje repentino a alta velocidad para buscar y alcanzar aquello que recordaba y que con buenas razones creía que se había ido por ahí.

      Abrió la llave, recogió un poco de agua con las manos y la estrelló contra su cara. Sus ojos se enrojecieron y de repente soltó en llanto. Golpeó la pared con los puños, se mordió los labios ahogando todo indicio de sonido, pero por arte de magia se tranquilizó, como solo ella sabia hacerlo, como lo había hecho siempre en los momentos breves de soledad, aquellos que seguían después de los mas largos, los que compartía con extraños o conocidos a los que siempre les ofreció una sonrisa, pero con quienes nunca se sintió acompañada. Decía que nadie tendría la fortuna de verla llorar o sufrir. No levanto la cabeza, seguía mirando el mismo punto, temerosa tal vez que desapareciera, como una puerta a otra dimensión que se llevaría con ella todas las cosas que le había robado el correr de los años.
   
      Perdió la noción del tiempo que estuvo parada frente al espejo, igual que perdió la del tiempo vivido y los momentos felices. No sabia como creer en el amor o la esperanza, ni mucho menos en la religión. 

      Volvió a mirar el espejo y vio su rostro. El liquido había disuelto el maquillaje que escurría por todos lados, como queriendo escapar también de ella, se iba en dirección de ese agujero negro, caía por gotas en él, igual que lo había hecho el tiempo. Ya se asomaban mas arrugas. La pintura, todavía embarrada pero ahora ya diluida, le daba un toque de acuarela dejada a la intemperie en la que las tormentas habían cobrado su cuota.

     Finalmente cuando despejo su mente de todo pensamiento de desesperanza, abrió la boca y dijo:


       -¡Mierda!. el día de hoy mejor no salgo.